
Un grupo de investigadores afirma que la lactancia materna también podría favorecer a los bebés para que en un futuro sean mucho más resistentes a sufrir estrés.
Para llegar a esta conclusión los investigadores estudiaron a 9.000 niños nacidos en el Reino Unido en el año 1970, realizando un seguimiento sobre su vida y evolución.
Se recopilaron datos a través del personal sanitario y los informes médicos de la época para conocer aspectos sobre el nacimiento de cada uno, se consultó a los profesores que los educaron y finalmente se conocieron aspectos importantes que marcaron la vida de cada individuo a través de sus progenitores, como podía ser la posible separación de los padres cuando el niño era todavía pequeño, o sea, todo aquello que puede condicionar el estado de ansiedad de los niños.
El conjunto de datos permitió conocer que aquellos niños que habían sido amamantados presentaban un nivel de ansiedad mucho menor que aquellos que no se alimentaron con la leche materna.
El contacto entre madre e hijo a través de la lactancia favorece que los niños sufran menos ansiedad y estrés.


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