
Sentirnos enamorados es para muchos (por no decir que para casi todos nosotros) lo mejor que podría sucedernos. Esas sensaciones que experimentamos al ver a la persona "amada", dan un toque de emoción a nuestro día a día. Es una fortuna compartir ese sentimiento, es decir, sentirnos correspondidos.
Pero, a veces sucede que ese "gran amor" va adquiriendo otros matices y nos envuelve más bien en una "obsesión" que, a veces, nos hace sentir como adictos y pensamos (e incluso hasta decimos): "No puedo vivir sin ti... eres todo para mí... no valgo nada sin ti" entre otras frases acompañadas de actitudes y conductas posesivas y fiscalizadoras (revisar su celular o correos electrónicos, oler su ropa cuando llega a casa, etc.) , y hasta se presentan fantasías sobre ser víctimas de infidelidades o ese sentimiento constante de que "en cualquier momento me dejará". Ese "amor" no resulta saludable. La diferencia entre el verdadero amor y una obsesión es que la segunda es una emoción basada en sentimientos de inseguridad.

Una relación se convierte en obsesiva cuando se utiliza como pretexto el amor para condicionar, atrapar, impedir, neutralizar o agobiar con chantajes y exigencias a la pareja. El amante obsesionado no deja vivir al otro en paz y lo convierte en el centro de su existencia, relegando todo los demás a segundo plano.
Para evitar esto, es importante determinar si alguno de los miembros de la pareja evidencia este problema y procurar superar esa inseguridad personal, y así se fortalecerá el vínculo de pareja. Si es necesario, podría consultarse con un especialista que facilite este proceso.
Te dejamos unos links con algunos tips útiles:


No hay comentarios:
Publicar un comentario