domingo, 21 de junio de 2009

SEXO EN LA TERCERA EDAD

Es común relacionar la sexualidad y el erotismo con la juventud y la capacidad reproductiva. Es por ello que pensar en la sexualidad de personas de la tercera edad encierra muchos mitos y creencias erradas.

Si bien con el paso del tiempo las personas cambian, tanto a nivel de sus cuerpos, como de sus sensaciones, intereses y experiencias de vida; la sexualidad en las personas no tiene una fecha de caducidad.

Es un hecho que, al pasar los años, el hombre va perdiendo no sólo resistencia sino también firmeza en la erección, y va necesitando cada vez más tiempo para llegar a ella. Por otro lado, la mujer va notando paulatinamente que su vagina tarda más en lubricarse lo suficiente como para poder mantener con normalidad, y sin dolor, el coito.
Pero esto no significa que la vida sexual tenga que darse por terminada al llegar a una u otra edad. Actualmente existen productos para resolver casi todo y, sobre todo si son usados bajo recomendación médica, la satisfacción sexual está garantizada.

Los aspectos psicológicos y sociales son un poco más complicados de manejar. Sentirse "viejo" o "vieja" para experimentar o compartir afectos, caricias y/o placer es, sin duda, la principal dificultad en esta etapa. El entorno familiar y el entorno social también suelen "desaprobar" que las personas de la tercera edad establezcan relaciones de pareja o retomen su vida sexual.

Sin embargo, hay que recordar que mantenerse activo, bien alimentado, con una buena relación familiar, inserto socialmente y dándose la posibilidad de consultar periódicamente al médico geriatra o al psicólogo si es necesario, puede ayudar mucho para vivir una "buena vejez" y no cerrarse a seguir experimentando placer y compartir afecto con la pareja o permitirse un "nuevo amor".

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domingo, 14 de junio de 2009

HIJOS ÚNICOS

Existen varias razones que llevan a tener un solo hijo: las mujeres quieren dedicar tiempo a su desarrollo profesional, una situación económica difícil, la separación de la pareja, problemas de fertilidad, entre otros. Cabe señalar que, cuando entre el primer y segundo hijo hay una diferencia de siete años o más, podemos considerar al hijo mayor como hijo único, puesto que en sus primeros años de vida, se habrá criado como tal. Situación similar se da cuando existe una diferencia significativa entre el penúltimo y el último hijo, en este caso el hijo menor podría tener este patrón de crianza.

Muchas veces, el hijo único es considerado como "el rey de la casa" pues no tiene que compartir el cariño y dedicación de sus padres con otros hermanos. Sin embargo, la idea del hijo único como el niño mimado, engregido, sobreprotegido y egocéntrico ya está pasando a ser un mito. Como todo niño, su comportamiento, valores y actitudes van a depender de la crianza de sus padres.

Algunos padres creen que, por tener un hijo único, su niño se sentirá solo y por ello, tienden a sobreprotegerlo. Otra situación que suele presentarse es que todas las expectativas familiares están puestas en el hijo único, situación que le genera estrés y ansiedad. Además, el hijo único suele relacionarse con adultos la mayor parte del tiempo.

A continuación te brindamos algunos consejos:

  • Evita sobreprotegerlo
  • Ayúdalo a resolver sus problemas pero no le soluciones todo
  • Reconoce sus logros pero no lo elogies demasiado (en lugar de decirle: "eres el mejor de todos los niños" puedes decirle "lo hiciste muy bien, sigue esforzándote")
  • Acepta sus defectos y errores
  • Valora sus opiniones y motívalo a expresarse
  • Sanciona sus faltas cuando sea necesario y no sientas culpa por ello
  • Fomenta que tome sus propias decisiones (en cuanto a gustos, intereses, etc.)
  • Motívalo a socializar con otros niños (actividades deportivas o recreativas en las que pueda competir y compartir experiencias con otros)
  • Evita que esté rodeado sólo de adultos
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miércoles, 10 de junio de 2009

¿AMOR U OBSESIÓN?


Sentirnos enamorados es para muchos (por no decir que para casi todos nosotros) lo mejor que podría sucedernos. Esas sensaciones que experimentamos al ver a la persona "amada", dan un toque de emoción a nuestro día a día. Es una fortuna compartir ese sentimiento, es decir, sentirnos correspondidos.


Pero, a veces sucede que ese "gran amor" va adquiriendo otros matices y nos envuelve más bien en una "obsesión" que, a veces, nos hace sentir como adictos y pensamos (e incluso hasta decimos): "No puedo vivir sin ti... eres todo para mí... no valgo nada sin ti" entre otras frases acompañadas de actitudes y conductas posesivas y fiscalizadoras (revisar su celular o correos electrónicos, oler su ropa cuando llega a casa, etc.) , y hasta se presentan fantasías sobre ser víctimas de infidelidades o ese sentimiento constante de que "en cualquier momento me dejará". Ese "amor" no resulta saludable. La diferencia entre el verdadero amor y una obsesión es que la segunda es una emoción basada en sentimientos de inseguridad.


Una relación se convierte en obsesiva cuando se utiliza como pretexto el amor para condicionar, atrapar, impedir, neutralizar o agobiar con chantajes y exigencias a la pareja. El amante obsesionado no deja vivir al otro en paz y lo convierte en el centro de su existencia, relegando todo los demás a segundo plano.

Para evitar esto, es importante determinar si alguno de los miembros de la pareja evidencia este problema y procurar superar esa inseguridad personal, y así se fortalecerá el vínculo de pareja. Si es necesario, podría consultarse con un especialista que facilite este proceso.

Te dejamos unos links con algunos tips útiles:

viernes, 5 de junio de 2009

El afán por alcanzar la PERFECCIÓN


Según la Real Academia Española, PERFECTO se define como: "Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea" y el PERFECCIONISMO es: "Tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado".

La mayor parte de las personas queremos mejorar, superarnos y destacar en lo que somos y en lo que hacemos. Si bien ese afán por mejorar constantemente nos permite avanzar y lograr nuestras metas; cuando eso se convierte en una obsesión que nos genera angustia y nos hace intolerantes ante cualquier falla por mínima que sea, estamos frente a un problema.

Debemos ser concientes de nuestras cualidades y capacidades, y aprender a lidiar con nuestros defectos y limitaciones para así poder plantearnos metas reales. Esto nos evitará estar en un constante estado de frustración.

En muchos casos, el afán por alcanzar la perfección está enfocado en nuestra apariencia física, lo cual conlleva a obsesionarse con el peso corporal, a practicarse una serie de cirugías estéticas o gastar altas sumas de dinero en tratamientos y productos de belleza. Un componente importante en esta clase de obsesión es el deseo por sentirse aceptados o queridos por los demás.

Por otro lado, hay casos de padres y/o madres que se obsesionan con tener "hijos perfectos" y les planetan altos niveles de exigencia, están comparándolos constantemente, son sumamente críticos y no valoran los logros que van alcanzando, ya que "podrían ser mejores".


Cabe resaltar que tampoco es saludable estar en el otro extremo, no tener aspiraciones y caer en la mediocridad. La competitividad ha traido grandes avances en los diferentes campos en los que se desenvuelve el ser humano. Sin embargo, debemos procurar otorgarle valor a cada logro que alcancemos y aprender a disfrutar de ellos, por más pequeños que nos parezcan; pues cada pequeño paso nos permitirá llegar cada vez más lejos y todo esfuerzo habrá valido la pena si realmente nos trae una satisfacción personal.


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